viernes, 5 de junio de 2009

Tres historias del "Titanic"

Tenía una entrada casi preparada, fácil de "colgar" puesto que se trataba de un texto ya escrito que sólo tenía que copiar. Sin embargo, al repasar la historia de Millvina Dean, el pasajero más joven y última superviviente de la tragedia del Titanic, voy descubriendo alguna que otra pequeña historia de algunos de los tripulantes y pasajeros que iban a bordo del barco o que estuvieron de alguna forma involucrados en su fatal historia, como por ejemplo el inventor Guglielmo Marconi, quien fue requerido por los tribunales de Estados Unidos encargados de investigar la tragedia buscando posibles responsables.

Giuglielmo Marconi (1874-1937)

Los dos radiotelegrafistas no pertenecían a la tripulación, sino que estaban contratados por la Marconi Company, empresa presidida por el inventor y subsidiaria tanto de la White Star Line, dueña del Titanic, como de la Cunard Line, empresa rival en el transporte trasatlántico y dueña, entre otros, del Carpathia, el primer buque que acudió en auxilio del Titanic y que recogió a todos los supervivientes.
Harold Bride, segundo telegrafista, logró salvarse y, una vez en Nueva York, fue visitado por Marconi acompañado por un periodista del N.Y.Times, quien pagó 1.000 $ por la exclusiva de la historia. Más tarde Bride fue llamado a declarar como testigo por los tribunales estadounidenses y británicos. Por parte americana se le preguntó también acerca de sus negativas a contestar a los mensajes de la prensa y de la U.S. Navy pidiéndole información mientras estuvo en el Carpathia ayudando a los telegrafistas de este barco. Bride argumentó que, siguiendo órdenes del capitán del Carpathia, se les dió prioridad a los mensajes personales de los supervivientes y que la U.S. Navy no conocía el código morse europeo, lo que fue negado por las autoridades navales norteamericanas.
Por su parte, el senador William Alden Smith atacó acusando a Bride y a Marconi Company de no haber facilitado información de primera mano desde el Carpathia porque Bride había recibido órdenes del dueño, quien ya se habría puesto de acuerdo con el periodista antes del desembarco, para vender la exclusiva al N.Y. Times, contando con que el radiotelegrafista del Carpathia, Harold Cottam, (quien asimismo recibió del periódico 750 $ *)también trabajaba para Marconi. Es decir, habían ocultado información para su lucro personal. Pero Marconi negó rotundamente esta acusación y aseguró que el reportero del diario neoyorquino apareció con la propuesta una vez que los supervivientes habían tomado tierra. Por su parte, los representates del periódico corroboraron esta versión y los tribunales dieron carpetazo al asunto. Bride fue considerado uno de los héroes del desastre. La Marconi Company le regaló un reloj de oro con una leyenda en el reverso: In recognition of having done his duty, and done it bravely (en reconocimiento por haber cumplido con su deber y hacerlo con valentía)

Harold Sidney Bride (1890-1956)


Otra historia curiosa fue la del matrimonio español compuesto por Víctor Peñasco y Castellana y por su esposa, Mª Josefa Pérez de Soto, ambos multimillonarios.
Víctor era nieto de Canalejas -ministro de Alfonso XIII- y tanto él como su esposa eran los herederos de las dos mayores fortunas de España en aquella época. Tras contraer matrimonio se dispusieron a pasar una larga luna de miel; tan larga que cuando, estando en París -cenando en Maxim's vieron un cartel que hacía propaganda del viaje- decidieron embarcar por placer en el viaje inaugural del Titanic, llevaban ¡17! meses en dicha luna de miel
, en la que habían gastado el equivalente a unos 665.000 euros actuales dejándose ver por los ambientes de moda más lujosos de entonces: Biarritz, Londres, el Orient Express, Viena -donde incluso poseían un palco en la Opera- Montecarlo, París...Por eso no les importó pagar las 108 libras de la época (unos 7.000 euros de ahora) que costaba el billete de su camarote de lujo para un viaje de menos de una semana.
Según testimonio de Josefa de Soto, fallecida en 1972 a los 83 años, y recogido a través de su sobrina Elena Ugarte (Josefa se negó durante toda su vida a hacer público su testimonio) la madre de Víctor les había dicho antes de salir de viaje, tras la boda: "id en todo lo que queráis, menos en barco..."
Por este motivo urdieron una estratagema: se llevarían en el viaje a una "criada"(así aparecía en la lista de pasajeros,
aunque se llamaba Fermina Oliva) y dejarían a otro (Eulogio) en París, previamente provisto de cantidad de postales escritas por el matrimonio pero con fechas de los días siguientes, a fin de que aquél las fuese enviando periódicamente a la madre de Víctor, quien así creería que se encontraban aún en París. Incluso, picados por el afán de embarcarse y viendo que faltaban unas semanas para que el Titanic zarpase, intentaron comprar los billetes en otro buque de lujo que salía inmediatamente, pero las plazas se habían agotado, por lo que se decidieron finalmente por esperar al Titanic.
El día del hundimiento Josefa y Fermina consiguieron acceder al bote nº8, donde Víctor también fue invitado a subir, pero este, al ver a una mujer con un niño en brazos, rehusó a montarse y le cedió su sitio, perdiéndose después en el tumulto de cubierta. Fue la última vez que Josefa vió a su esposo: su cadáver nunca apareció. Desde el bote que se alejaba de la vorágine, ambas mujeres pudieron ver cómo mucha gente saltaba de los restos del barco y oir los lamentos agonizantes y gritos desesperados de los que intentaban nadar hacia algún resto flotante: la temperatura del agua, unos 4ºC, proporcionaba una muerte segura en 10 ó 15 minutos interminables. Ninguna de las dos se atrevió a mirar hacia el barco en el momento definitivo del hundimiento y, cuando volvieron la vista, había desaparecido.
Como el cadáver de Víctor no apareció, Josefa no podía ni casarse nuevamente ni acceder a la fortuna de su esposo pues, según las leyes vigentes en la época, si no aparecía el cadáver debían pasar 20 años para considerar muerta a una persona. La solución vino uno o dos meses después, cuando uno de los barcos que seguían rastreando la zona del hundimiento en busca de posibles cuerpos trajo uno sin identificar. La madre de Víctor se apresuró a sobornar a los funcionarios norteamericanos y literalmente compró el cadáver, que fue "reconocido" por Fermina, la doncella. Así se pudo expedir por el condado de Halifax un certificado de defunción a nombre de Víctor Peñasco. No obstante, añadir que el cementerio de Halifax nombrado en el certificado no existe y que en el de Fairview, donde están enterrados los cuerpos de las víctimas que pudieron ser recuperados, no hay ninguna tumba con dicho nombre. Es decir, tampoco del supuesto "Víctor" se supo jamás.


El matrimonio Peñasco-de Soto


La tercera historia que llama mi atención es la de Wallace Henry Hartley, violinista y director de la Wallace Hartley Band, la orquesta del barco.
Según los testimonios de muchos de los supervivientes, Hartley y sus siete músicos se situaron en el salón de 1ª clase, a la altura de cubierta, para tocar durante el hundimiento, en un intento de suscitar la calma y la esperanza entre el aterrorizado pasaje. Cuando el agua alcanzó esa zona, siguieron tocando en la cubierta de popa. La banda no dejó de tocar incluso en el momento en que vieron seguro su fin: ninguno sobrevivió. A pesar de los numerosos testimonios ha sido imposible averiguar exactamente qué pieza estaban interpretando en el momento del hundimiento, puesto que las versiones de los testigos difieren bastante al respecto.



The Wallace Hartley Band

Hartley y su banda eran empleados de la C.W. & F.N. Black, empresa intermediaria dedicada a proveer de músicos a las compañías trasatlánticas, entre otros clientes. A pesar de haber contraído matrimonio hacía poco y tener que abandonar a su reciente esposa para embarcarse, lo que no le atraía, pensó sin embargo que aquello podría ser una buena catapulta para futuros contratos debido a la fama del buque y aceptó el cargo de director de la orquesta del Titanic.
El cuerpo de Hartley fue uno de los que se recuperó e identificó (nº224) dos semanas después del accidente y a su funeral en Inglaterra asistieron miles de personas, calculándose en más de 40.000 las que acudieron a ver pasar el cortejo fúnebre.
La nota increíble la pusieron la compañía propietaria del barco, la White Star Line, y la proveedora de variedades, la C.W. & F.N. Black. Al ser empleados de la segunda, la naviera le reclamó a ésta el pago por el importe de los uniformes cedidos a los músicos, a lo que el intermediario se negó, aduciendo que su trabajo se limitaba a poner en contacto a ambas partes. Al ser Hartley el único cadáver de la banda que apareció y considerando que los demás componentes actuaban a sus órdenes, la White Star Line no tuvo reparos en reclamar el dinero a los familiares del violinista, dinero que finalmente cobró a estos. Un auténtico borderío.

Funeral de Wallace Henry Hartley


* Teniendo en cuenta que los sueldos de estos empleados de Marconi eran de una media de unos 30 $ mensuales, las cantidades ofrecidas por el N.Y.Times han de considerarse como "importantes".