jueves, 7 de mayo de 2009

Cuarto Creciente

Doña Inés del alma mía...
Al salir del laberinto de Santa Cruz ("
en la calle ' la Pimienta, viven unos ojos negros que hasta en sueños me atormentan") nos hacemos fotos con una londinense color rosa/cerúleo y un exiliado armenio de Irán, quienes nos acompañan. Un viandante, con cara un poco de panoli, se ofrece a sacarnos una a los cuatro juntos; pone el dedo en el botón de la cámara: "aprieta fuerte", le digo mientras nos reímos de la situación, que para eso tenía cara de panoli. Una gárgola tetuda, única en su especie, nos observa, pétrea e inevitablemente boquiabierta.
Esta vez no pasó nada con las carabinas ni con la guardia civil cuando pasamos por el puente, pero en esa orilla del Río Grande siempre está esperando el Santo Oficio, aunque ahora, por fortuna, sólo en forma de recuerdo.
Caipirinha, mojitos y cervezas. A pesar de la crisis, las grúas continúan contorneando en la altura la silueta de la ciudad, pugnando con algunos de los más famosos monumentos del mundo para sobresalir por encima de las cobijas de la antigua Hispalis. La gente pasea y corre la voz de que el Barça ha marcado en Stanford Bridge y Enriqueta -que así se llama la londinense color chicle de fresa gastado- pone cara de pena y deja escapar un leve "ohhh" con tono de desencanto. Curiosamente, la calle tiene nombre de equipo de fútbol con un ligero aroma a segunda división: dicen que es por culpa del presidente -por lo visto es rarito- aunque a lo mejor la culpa es del Gran Poder, que no hace los milagros pertinentes en estos casos; o de los Borbones, socios honorarios con enchufe de alta tensión, que no influyen bajo cuerda todo lo que deberían.
Nuestra improvisada cicerone es lo más bonito que me ha ocurrido en muchísimo tiempo, a pesar de haber dejado escapar algún que otro alarido totalmente extemporáneo y más propio de un cafrulúkuyu que de un buen chavea europeo. Ella no: yo; ha sido un año lleno de dolores, plagado de despropósitos por mi parte. Es para que me zurzan, pero en vez de eso, nos damos piquitos y nos abrazamos como dos chiquillos: al verla caminar, ya de vuelta, abro la ventanilla y exclamo "¡tía güena!", cual albañil calenturiento. Ella sonríe y por el Postigo del Aceite le sale un ligue anecdótico, al parecer con bastante morro.
Esta vez hice el retorno acompañado y la carretera se mantuvo en silencio para no interrumpir la conversación.
Tanto desde mi casa como desde la suya se puede divisar la misma Luna.


7 comentarios:

  1. Joo, a mí nadie me escribe cosas así de gonitas.

    Pero, quieto parao, que esa luna tb la veo yo, aunque la cara sea la oculta, jajajajja, verás el día que pueda ver la otra...

    Uno kisses

    P.D. Otro pa la "sita" Marley

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  2. En realidad estamos deseando que te apuntes, so jodía (en el buen sentido de la palabra, si es que lo tiene).Aquí hay gente que te quiere un montón,porque la distancia, sea del tipo que sea,no existe cuando los corazones laten DE VERDAD.

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  3. Y si es menester, dénseme los palos de rigor si hubiesen lugar, mas no puedo evitar que de mi pecho escape un estertóreo grito:¡¡¡la amooooooooooo!!! Y eso ¿cómo se come?

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  4. ¡Muuuuuuuuuuuuuua! con achuchón.

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  5. Pues supongo que se comerá poco a poco, so trasto, me alegra que todo haya salido bien, ¡cuidala mucho!.

    Seguiré sufriendo en silencio, jajajajajajjaaja.

    Uno kisses gordo, gordo pa los dos.

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  6. Pues...¡se comerá calentito!. Pero conociendo sus sobradas energías, voto porque el grito no sería estertóreo sino estentóreo (como alguna risa que Leila y yo conocemos bien).

    Y esa luna, en cuarto creciente, ha de ser como el sol de los gitanos...¡La luna del virginiano!.

    Leila, te echo de menos.

    Besos náufragos.

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  7. Estentóreo y estertóreo, que ambos calificativos caben ser aplicados en esos casos de kafrulukuyuismo agudo.

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